05 de junio de 1991

La instrucción de mi papá era clara: una océano adulto y una entrada de niño. Con cinco lucas y la plata para la micro, partí temprano a la sede de Cienfuegos 41. Al llegar ya había gente. La expectación era altísima, porque en la noche de ese 29 de mayo, Colo-Colo jugaba la final de ida de la Copa Libertadores en Asunción, con el Olimpia de Paraguay.
Al llegar a la ventanilla ( que era la ventana de la sede) compre las entradas tal como me lo había dicho mi viejo.
Hacía rato que no lo veía tan enstuasiamado con un partido del Colo, luego del notable e increible triunfo contra el simpre poderoso - y " abacanado"- Boca Juniors. Siempre me hablaba, con un dejo de soberbia, que el equipo de antes si que eran buenos, sobre todo su ídolo, el gran Carlos Caszely.
Pero bueno, se trataba nada más ni nada menos que de la final de esa copa tan esquiva para los clubes nacionales. Más aún si mi papá tenía sangre en el ojo, ya que en 1973, él estuvo en la final de la copa de ese año, cuando Colo-Colo fue robado por Independiente de Argentina. Siempre me cuenta la anécdota, de que, estando con sus amigos en la Tribuna oficial del Estadio Nacional - entraban gratis-, les tocó estar encima de la reja. La vista no era de la mejor, pero ahí estaba. Fue testigo presencial del gol legítimo que convirtío el gran Caszely, y que le anularon. Claro que él no se dió cuenta, y al ver la pelota entrar al arco, salto como loco a la reja y se rompió la mano y el pantalón. Que impotaba pensó, si fue gol. Lo malo para él fue que los jugadores no celebraron, por que el árbitro anuló el gol. En resumen, quedó con la manor rota, un pantalón descocido, un triunfo que no fue, y una copa que se fue para Argentina.
Por eso que, sin pensarlo dos veces, y coincideindo con la buena situación de su fábrica de muebles, no dudó en pasarme las cinco lucas - un dineral para la época- para las entradas.
Yo por mi parte, como siempre, puta que estaba nervioso. El sólo hecho de pensar que la historia de mi papá para la final del 73 se podría repetir, me hacía literalmente cagarme de susto.
Pero teníamos un buen equipo y esa noche empatamos a cero en Paraguay.
Entonces todo se decidía en el Monumental el miercoles 05 de junio. Por supuesto que las entradas se agotaron, y me convertí en la envidía de mi curso.
Ese día partimos como a las 5, y me acuerdo que tomamos la " Bilbao Lo Franco", hasta vicuña mackena, para luego tomar otra al estadio. Todo el mundo andaba en otra. Se respiraba que algo grande iba a pasar , al ritmo de " Sopa de caracol" de "Banda Blanca" - cómo olvidarlo-.
Al llegar ya era osucuro, y mi papá me dice " esta wuevá esta llena". Y así fue como, otra vez, quedó junto a mí al lado de la reja y no se veía bien. Es decir, pensó que otra vez se repitiria la historia,- misma visual, diferente estadio eso si- pero teniendo la prevención de que ni cagando se colgaba de la reja otra vez, por muy golazo que fuera.
Nunca en mi vida había estado temblando antes de un partido. Puede que en más de alguno haya estado ansioso, pero temblando literal y claramente, nunca. Por eso que me compró un café el que me ayudó a calmarme. Me dieron ganas de mear, pero no se podia ir al baño porque las escaleras estaban ocupadas como asiento. A la mierda pensé, prefiero mearme a perder el asiento.
Al lado nuestro había un matrimonio que tenía una hija como de mi edad. Harto guena. Pero si me costaba entablar una conversacion con una mina en esa época - gracias a mi timidez, o estupidez como se quiera- ahora menos, si estaba nervioso y más encima, con ganas de ir al WC. En fin. Me entretenía moviendo mi bandera, la cual se puede ver en las imagenes de TV- y en esta foto- pero el problema es que nadie me cree. Salvo mi papá.
Lo del partido ya es historia conocida. Recuerdo los abrazos que nos dimos con mi papá después de los tres goles de esa noche, y el del final del partido. Por fin ganábamos. Y lo pudimos ver frente a nuestras narices. Él cumpliendo su sueño de ver a Colo-Colo Campeón de Ámerica, con su hijo al lado. Tal como yo lo sueño hoy con el mío.
Por eso que me emociona tanto el recordar esa noche. Más que el triunfo, es el hecho de haberlo vivido junto a mi viejo, algo que no tiene precio ni valor, algo que queda guardado en el alma por siempre.
Qué importa que ninguno de los dos, conserve esas entradas.
Los dos sabemos que estuvimos ahí.
Un beso Papá. Feliz Aniversario y pronto Feliz Día.
Gracias por aquella noche.

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