En Casa


Los recuerdos son inmumerables. Sin lugar a dudas fue la mejor estapa de la "juventud".
Cuantos momentos íntimos con Cristo.
De partida, aquél grandiosos retiro en farellones de Julio del 95. Fue en el momento exacto.
Cuantas caras, cuantas alegrías, cuantas emociones.
El tiempo es cruel, hace que uno no recuerde a menudo lo vivido. Pero basta volver a Casa, para que todo gire de nuevo en la cabeza, en un torbellino de alegría.
Ser parte de la historia de esa Parroquia, me llena de orgullo. De aquella Iglesia combativa, receptiva, generosa, comprensiva.
Cuando se quiso instaurar aquella que sólo busca represión en vez de amor, de culpa más que de felicidad, fue cuando se hizo mejor hacerse un lado.
Pude haberme ido, pero jamás me alejé.
Porque siguió el grupo de amigos, los recuerdos de esas reuniones, de esos sábados de confirmación, de aquellos míticos carretes. También de aquellas muertes sin sentido.
¿ Dónde estarán? No lo sé.
Pero tengo certeza de que sólo bastará vernos para saludarnos con afecto y sentarnos a recordar.
Sin la necesidad absurda y primitiva de cobrar sentimientos. Eso no.
Hoy con los años, ver mi nombre anotado en esos libros donde queda registrada la vida de la parroquia, me entró la nostalgia.
Por que ahí fue donde te conocí, cuando no eramos más que un incipiente proyecto.
Porque ahí fue donde se casaron mis viejos, donde se casaron los tuyos.
Por eso no hay nada mejor que en casa.
El circulo se cierra, estaba escrito.
Ese mismo Cristo que con sus brazo generosos nos invitó a caminar juntos, nos bendicirá para el otro viaje, es que sólo terminará cuando lo abrazemos a él.
Nos abuerrimos de andar mendigando el lugar.
Si la Casa siempre ha estado ahí.
Vamos a Andar.

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