Por mi hijo
Conversando con amigos que ya han sido padres, me dicen que es normal que llegado un momento del embarazo, como que nada pasa. O mejor dicho pasa, pero lento. Obviamente que se trata de una aseveración subjetiva y tal vez egoista de un padre, que no siente como la madre que tiene a ese ser maravillos en su panza dandole una sarta de patadas, sobre todo después de que ella coma sus papayas con crema.
Pero por otro lado, donde ya vamos entrando al último trimestre, sirve el tiempo para proyectarse, para pensar ( aunque en mi caso a veces es mas perjudicial que nada, preguntenle a mi colón), pero por sobre todo, en los pocos espacios de calma, puedo verme no sólo con mi hijo en brazos, sino que voy hacer cuando lo tenga. Cuando me mire, cuando necesite de mi, cuando me busque, saber que me encontrará.
De momento sé que le gustan las papayas. Gran cosa.
Pero quiero ser mas tolerante por él, dejar los nervios de lado cuando llore o se enferme, porner pilas y huevos para acender en la pega, a ser humilde por sobre todas las cosas, a recordar siempre desde donde uno tiene, o como mi madre con poco y nada hizo que nada me faltara.
En fin.
Creo que por primera vez espero con tanta ansia Septiembre.
Pero calma.
También es rico saber que abrazar a tu madre te puedo sentir bailando ahí dentro, quizás rabiando como yo, quizás buscando hacerme despertar.
Y esa sonrisa al dormir, es mejor que cualquier cosa.
Los Amo.
Aguante Vicente Ignacio.
La 9 te espera.