Éramos
felices cuando se pasaba la 221, cuando crecía la línea de crédito, cuando no me
nombraban, cuando me cansaba de buscar, cuando daba pruebas sin parar, cuando
leía cerros de trabajos. Éramos felices cuando se cortaba el gas, cuando no
tenía ni para que me llevaran por “100”, cuando no había ni gamba pa una chela,
cuando no había fiesta, ni auto, ni departamento, solo para galletas con sabor
a aire, cuando se anegaba la casa, cuando se repactaba la repactación de la
deuda. Éramos felices cuando se puteaba por el metro, por las 8 horas en el trabajo,
por las dos horas en viaje de ida y vuelta, por no ver a los niños crecer. Éramos
felices cuando no cuadraban las cuentas, cuando se usaba el único terno para
trabajar o dar examen, cuando se viajaba en bus para entrevistas sin sentido,
cuando se nos explotaba por un mísero sueldo, cuando se pensaba en que será del
futuro. Éramos felices peleando con los viejos, con sus tallas fomes, con su
forma de ver la vida. Éramos felices con nada, y ahora que se puede tener todo,
o casi, ya no vale. Éramos felices caminando cuadras y cuadras para verte, éramos
felices cuando perdíamos el domingo, éramos felices viendo el partido en una
shopería de dudosa reputación, éramos felices cuando me amargaba por todo o por
nada, éramos felices sin wasap ni Facebook, ni netflix, cuando había que
rebobinar el vhs. Éramos felices y no lo sabíamos. No lo sabemos ni lo vamos a
saber. Éramos felices tomando el nefasto tapsin noche/ día. Éramos felices
cuando llovía. En 685, en la 237, en la 233. En la Finis, en la CAJ, en la FL.
Eramos felices en la misa, en la caminata, en la culpa del pecado, en el mismo
chaleco de la semana entera. En tiempos en que parece que todo se agota, donde
el marcador va llegando a los 90, pareciera ser que es bueno hacer el ejercicio
de agradecer antes de partir. Antes de darnos cuenta que nada será como antes.
Para mal, para bien. Éramos felices. Siempre es mejor volver al punto de partida, a no ser lo que no soy ni seré.
A
aprender hacerlo con lo que quedó, con los quedan. Y con los que se quedarán.
Mas energía y menos pastillas.
Salvo la que acabe con estge virus necesariamente innecesario, y viceversa.
