Hierba Buena

Ayer salió un nuevo estudio que determinó de que Chile es el top one (que moderno) en cuanto a consumo de marihuana en Sudamérica.
Sin entrar en típica discusión si la marihuana es o no una droga, un regalo de la pachamama, o un buen negocio lucrativo para quien no quiera deslomarse por el sueldo mínimo, contaré mi experiencia con la Mary.
La verdad es que desde niño lo más marcado es la figura del marihuanero que de la propia marihuana. Era común ver desde el antejardín de la casa de mi tía, a sujetos fumando, y gozando de su pito, escuchar el típico ruido que hacen los labios cuando se da una piteada y oler el característico olor a hierba. El camino cronológico de esos tipos, según mi tía, era que luego de terminar la última piteada, estaban listos para ir a cogotear a quien se le cruzare.
Por lo tanto, al entrar a la universidad y ahora de grande, siempre que me encontré frente a un pito se me venia a la cabeza la imagen de aquellos que fumaban a escondidas y sigilosamente sus pitos al frente de la casa de mi tía. Antes de que me ofrecieran ya tenía listo el “no, gracias”. De seguro mi subconsciente me decía que si fumaba, esta listo para cogotear.
Naturalmente que no ayudaba el aceptar una piteada el hecho de que aborrezco el cigarro. Salvo después del amor…
Por lo tanto, para mí no resultaba emocionante el que en medio de una fiesta alguien se hiciera el bacán y fuese a una población a comprarla, llegar y armar un pito en la mesa de centro. Ese pobre tipo en vez de perderse una hora de carrete podía haberme dicho y se hubiese comprado a mis vecinos. Y con rebaja.
Para mi la marihuana, lamentablemente o no, va de la mano de aquellos de marihuaneros, y “los marihuaneros” eran lo peor, unos vagos buenos para nada, sólo para robar, según mi madre. Y naturalmente que no quería ser uno de ellos.
Entonces todo ese rollo de que si la weaita es o no droga, medicina natural o adictiva, nunca lo he discutido, y prácticamente no me interesa, y en conversaciones de gente que fuma, nunca he metido la cuchara, porque no fumo, porque tengo en mi disco duro el estigma que de hacerlo, me convertiría en aquellos marihuaneros.
Porque en esta sociedad es bastante diferente fumarse un pito en cerro navia que en La Reina. El primero es propiamente el marihuanero que veía cuando chico donde mi tía, es decir el flaite, cuma. El otro es el buena onda que descubrió el pito sólo en una buena fiesta, y que piensa que fumarse un porro es una buena forma de darle brillo al baile.
Lo siento, pero al ver a tanto wea fumar frente a la casa, y sentir que por poco no soy uno de aquellos de no haber tenido la oportunidad de estudiar, siento la natural repulsión de fumar un pitillo, ya que he visto mas a los que fuman sobre la cuneta, a los que lo hacen no por que la fiesta es penca, sino por que sus vidas lo son.
Por eso no fumo.
Seguiré utilizando la mulitilla del “no gracias”, agregándole la irreverente frase, para que no me tilden de mamón, “de que mi droga es sólo el alcohol”.
Ahora, si se da la cosa rica como la otra noche…a la chucha mi tía.