AMADA

Debo reconocer que me cargan estos días institucionalizados por el comercio y el marketing, en el cual se celebra a nuestros seres queridos, como el día del padre, del niño, de la amistad, y por cierto el día de la madre. La intención es súper buena, pero todo se desvirtúa con el imperioso deber, por la presión social y comercial de transformar estos días en un festín para los comerciantes y grandes tiendas en especial. En fin.
Pero de todas maneras, con el día de la madre me pasa algo especial y diferente. Porque desde aquellos tiempos en la básica, donde con un palo de helado, un papel lustre, y la cola fría ( que en mi caso era donada en cantidades industriales por mi papá) se podía hacer un regalo maravilloso. Aunque a decir verdad, con el transcurso del tiempo, te das cuentas que eran horrendos. Pero que importaba, si al final tu madre te lo agradecía como si fuera una cartera de Zara. O un abrigo de Gendelman.
Ni hablar de silencio que rodeaba la preparación del regalo. Debía y exigía hacerlo con el mayor sigilo posible, que la mamá no se diera cuenta de “la obra de arte” que estaba apunto de hacer para su dicha. Y luego el guardarlo en un lugar secreto, en espera del domingo en la mañana cuando venía el momento sublime de entregárselo de un salto a la cama, buscando la mirada de sorpresa de ella. Todo terminaba con la pregunta “ ¿ mamá, cierto que no te diste cuenta que te estaba haciendo un regalo?, No para nada…” respondía. Seguro.
Si ella sabe todo. Ella es Todo.
Porque el amor de pareja, de hermano, de familia, de amigo tiene alguna fecha de vencimiento. Es un mero plazo. Pero el amor de mamá es imprescriptible y eterno. Por que ella lo hace eterno.
No cabrá en ninguna página el amor que te tengo.
A mi mente se viene tantos y tantos momentos felices a tu lado. Tus cuidados, tu cariño, tu paciencia, tu humildad para enfrentar y soportar tantas y tantas injusticias. ¿Recuerdas cuando tenía cinco y te prometí defenderte de todos?
Eres simplemente mi vida, y de todas las cosas que se le pueden pedir a Dios es que nunca me faltes. Él también sabe del amor hacia la madre.
Por eso confío, para que me permita poder devolver todo lo que me has dado. Y por supuesto que sabe cuánto.
No hay día en que no luche por ello, en cumplir tus sueños.
Aunque conociéndote, me dirás que no necesitas nada, que no me preocupe por ti. ¡Pero cómo, si nuestro cordón no se cortará nunca!
Amada mía.
Feliz Día.

Entradas populares